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martes, 19 de junio de 2012

Simiocracia. Crónica de la Gran Resaca Económica

Aleix Saló.
DeBolsillo. 2012.
144 págs. 9,95 €. EPUB: 2,99

Como en el atletismo, hay lectores maratonianos, resistentes y obstinados, capaces de abordar obras de gran profundidad intelectual y llegar hasta la última página como sea, a fuerza de voluntad y ganas de aprender. Y hay lectores con mentalidad de velocistas, que prefieren volcar toda su energía en unas cuantas páginas y devorarlas a un ritmo feroz. Simiocracia es, sin duda, perfecta para estos últimos.

Como reconoce Aleix Saló en las dos primeras páginas de este cómic político, el grueso de su trabajo “no es más que un refrito de conclusiones y datos aportados por los medios de comunicación, por una parte, y de jerga popular, chascarrillos de mi entorno y conversaciones de barra de bar y de foro virtual”. En otras palabras:  la simpleza de los argumentos que baraja el autor de Simiocracia tienen el regusto de un chicle a medio mascar, no el de uno recién desenvuelto, con todos los sabores intactos y explosivos.

jueves, 30 de junio de 2011

Frivolidad estival

Pensaba dedicar esta columna al debate sobre el estado de la nación, pero el calor me ha licuado las neuronas y no estoy para los “esfuerzos colectivos” que demanda Zapatero, ni para valorar el adelanto electoral que pide Rajoy. A cuarenta grados, hasta las ideas me caminan pegadas a la pared, buscando la sombra. Estoy harta de la temperatura económica, política y social, que nos mantiene asfixiados a todos. Más que con adelantos electorales, sueño con vacaciones anticipadas. Zapatero pide que seamos "más competitivos, más innovadores, más flexibles y más eficientes” y yo solo pienso en cómo me las apañaré para ser la primera en colocar la toalla en mi playa preferida,  en renovar mi bikini, en la flexibilidad de las gambas del chiringuito y en la eficiencia de mi abanico. Lo reconozco. Tengo un ataque de frivolidad estival que me impide pensar en el euro, en la crisis, en Libia o en el rescate griego. No puedo. Mi termostato interior me impide semejante sobreesfuerzo.  Solo me da para encender el ventilador y dejarme vencer por una siesta sin crisis, paro, ni ejecuciones hipotecarias. Que me despierten cuando la pesadilla haya pasado.

jueves, 26 de mayo de 2011

España es azul

Foto: PP
Según las urnas, España es azul. A vista de gaviota miope, aquí no queda más rojo que el de los claveles que incendian ventanas y balcones en esta primavera extraña donde los brotes, verdes de indignación, se protegen de los elementos con lonas, curiosamente azules, en la Puerta de Sol. Los votantes han castigado la mentira de Rodríguez Zapatero, que negó la crisis y fue incapaz de reaccionar a tiempo para paliar sus efectos, como un conejo deslumbrado por los faros de un coche, condenado a morir destripado por su inacción.  Han mostrado la puerta de salida a un presidente capaz de aprobar una medida por la mañana y su contraria por la tarde. Visto lo visto, me temo que los brotes del 15M no llegarán a convertirse en árboles y que la gran lona azul caerá como una losa, sobre un PSOE que necesita refundarse y una Izquierda Unida que necesita reinventarse, cuando lleguen las elecciones generales.  Mientras, España va camino de convertirse en un sofocante invernadero, donde costará respirar por el aliento corrupto de Camps, las exhalaciones franquistas que caracterizan a muchos dirigentes populares y los ahogos de los recortes que vienen.

jueves, 7 de abril de 2011

4.333.669 razones

Hay, al menos, 4.333.669 razones para que Zapatero se marche a su casa. Tantas, como parados existen, hoy por hoy, en nuestro país. Su Gobierno ha reaccionado tarde y mal para afrontar esta crisis que  ha desbordado las oficinas del INEM, marcando vergonzantes cifras de paro. Cifras tras las que se esconden casos límite. Personas que recurren a la caridad para llenar el carro de la compra o pagar la luz. Personas que se han quedado sin sus casas. Personas que han dejado de salir con los amigos porque no pueden pagarse una cena en un restaurante. Personas que aceptan trabajos en negro, con los que pagarse al menos el alquiler, aunque cobren una miseria por jornadas interminables. Personas que rebañan la despensa para poder cenar. Personas despedidas de sus empleos no porque sus insaciables empresas estén perdiendo dinero, sino porque no están ganando tanto como esperaban… No hablo de oídas. Conozco a esas personas. Su precaria situación justifica, por sí sola, que Zapatero no vuelva a presentarse. La cuestión ahora no es Chacón, Rubalcaba o Rajoy. Habrá tiempo para ellos. Ahora la cuestión es que, vista su productividad y resultados, está bien que Zapatero se marche a casa.

jueves, 10 de febrero de 2011

Complicaciones crecientes

Los guionistas escriben sus películas siguiendo algunas reglas de oro. Una de ellas dice que cuanto peor, mejor. Es decir, hay que poner a los personajes en la peor situación posible. Cuantos más problemas tengan, más atrapará al público. Por ejemplo: a un tío le echan del trabajo. Cuando vuelve a casa se encuentra a su mujer en la cama con otro, así que se larga dispuesto a desaparecer para siempre, pero cuando coge el coche, la policía lo para y descubre un cadáver en su maletero.

La teoría denomina a este procedimiento ‘complicaciones crecientes’ y consiste en sembrar de obstáculos el camino del personaje de forma que tenga que saltar una valla tras otra para conseguir su objetivo o cumplir sus deseos. Una técnica de película que el Gobierno Zapatero parece haberse apropiado. Primero nos colocaron frente la valla de la reforma laboral. Luego, a la de las pensiones. Ahora, parece que van a por las prestaciones que perciben los desempleados y el copago sanitario. Y seguro que la carrera de obstáculos no ha hecho más que empezar. La pregunta es: ¿Por qué siempre nos toca saltar a los mismos? Y una más: ¿Cuándo se acabará esta película?

jueves, 20 de enero de 2011

El niño que somos

Ana María Matute sostiene que cada adulto es lo que queda del niño que fue. Yo fui una niña de rodillas arañadas, novelera y cuestionadora. Volví loca a mi madre preguntándole el “po té” de las cosas antes de aprender a escribir “mi mamá me mima”. Luego, cuando fui capaz de pronunciar por qué en vez de po té, enloquecí con mis preguntas a las monjas de mi colegio, afines a la doctrina del ordeno y mando por los siglos de los siglos, amén. Aunque lo intentaron, no me doblegué y así me convertí en lo que hoy sigo siendo. Una preguntona impenitente. Así pues, me pregunto qué queda en nuestros políticos del niño que fueron. Siendo como son, imagino que Rajoy fue el típico niño acusica, proclive a señalar las faltas ajenas para ensalzar, así, su aparente virtud. Supongo que Zapatero fue un friki ensimismado con dificultades para discernir entre realidad y ficción, el rarito de la clase. Aznar, uno de esos niños permanentemente cabreados, con los que una prefería llevarse bien por miedo a que la tomara contigo en vez de con otro. Y González, el niño que bajaba a jugar a la calle con una canica en el bolsillo y volvía a casa con la bolsa llena.

jueves, 18 de noviembre de 2010

Maquiavelo y el Sáhara




Decía Nicolás Maquiavelo que un príncipe no puede observar todas las cualidades que hacen que se considere bueno a un hombre ya que, para conservar el Estado, a menudo necesita obrar contra la lealtad y contra la humanidad. El Gobierno Zapatero ha antepuesto “los intereses de España” a su responsabilidad histórica como ex potencia colonial en relación con el conflicto del Sáhara. Ha cambiado la pesca por la represión desatada en El Aaiún. El supuesto control de las pateras que realiza Marruecos por la defensa de los derechos humanos. La lucha contra el tráfico de drogas por la justicia. La persecución de las redes terroristas ligadas al islamismo radical por la dignidad. Ceuta y Melilla por las ideas. España ha optado, en definitiva, por la realpolitik, por la diplomacia de los tres monos sabios: se tapa los oídos para no oír, los ojos para no ver y la boca para no tener que hablar y actuar como por lealtad y humanidad debería hacerlo. Y lo peor de todo es que la cobardía moral del Gobierno da carta blanca al dictador Mohamed VI para hacer en el Sáhara lo que se le antoje. Eso sí. El silencio y la inacción nos convierten en cómplices.

jueves, 30 de septiembre de 2010

Cuestión de principios

Tengo un problema. Me estoy haciendo mayor. Lo barruntaba desde hace tiempo, porque el espejo no miente y el DNI menos. Como casi todas las mujeres a partir de los cuarenta, soy invisible hasta para los obreros. Ya no me silban desde los andamios. Además, hace poco una niña se ofreció a cederme su asiento en el autobús. Pese a que mis neuronas y mis estrógenos ya no son lo que eran, controlé el impulso súbito de matarla. Incluso le di las gracias porque es lo que se espera de un adulto como yo.

Sin embargo, lo que me preocupa de hacerme mayor no es que me cuelguen las carnes, sino las creencias. Reconozco que cada vez tengo menos y las que sobreviven se me están poniendo fofas porque, aunque intento ejercitarlas, la gravedad de la fuerza bruta que tienen los hechos amenaza cada día con dejármelas como un colgajo. Ya no creo en los curas, ni en los sindicatos, ni en la izquierda, ni en los partidos políticos convencionales, ni en los empresarios… Sin embargo, pese al manifiesto declive de mis creencias, conservo mis principios esenciales bien turgentes, como cuando tenía veinte años.

Groucho Marx decía: “Estos son mis principios. Si no le gustan, tengo otros”. No me gusta señalar, pero la cita parece hecha a medida de los socialistas, que se presentan a las elecciones con una doctrina y un programa y luego, sin anestesia, nos meten por donde más duele una reforma laboral que apesta a neoliberalismo, pretextando que no había más remedio. Si es así, ¿para qué votamos a los políticos? ¿No deberíamos votar a los capitostes del FMI y a los tiburones de Wall Street y las grandes corporaciones que son quienes de verdad deciden qué hacer, cuándo y cómo hacerlo?

Sin duda soy una antigua, pero tengo principios democráticos y creo, sinceramente, que inclinarse como un vasallo ante aquellos que propiciaron esta crisis y acatar sus recetas supone una renuncia explícita a la democracia. Si un presidente se baja los pantalones, fijo que nos dan por el orto a los mismos de siempre, y Zapatero lo ha hecho. Muy recientemente, en el mismísimo Wall Street. Por eso, haya salido como haya salido, creo que la huelga del pasado miércoles era necesaria. Y habrá que hacer más, mucho más, en esa misma dirección. Ya sé que nado contracorriente, pero es una cuestión de principios. Si no le gustan, como diría Groucho, tiene otras columnas.

domingo, 18 de julio de 2010

La pesadilla

Fotos: PP/Inma Mesa (PSOE)
Tengo los oídos tan hechos a la vuvuzela y los ojos tan teñidos de rojo, que no fui capaz de soportarlo. El miércoles pasado me puse la tele decidida a tragarme como una campeona todo el debate sobre el estado de la nación, pero comparados con los chicos de La Roja, los políticos son hipnóticos, así que me dormí y tuve una pesadilla delirante.

Soñé que Zapatero y Rajoy ocupaban el puesto del entrenador Vicente del Bosque y allí estaban, de pie en el banquillo, voceando consignas a los chicos de la selección. Zapatero le gritaba a Xavi que mantuvieran el balón en su poder. Rajoy, en cambio, animaba a Piqué a sacar la pelota en largo para buscar un desmarque sorpresa de Torres. Zapatero apostaba por esperar y dormir el balón en un tiqui-taca infinito. Rajoy, por sacar la artillería pesada y por pasar todos los balones a Villa para zanjar el asunto. Uno decía que para adelante. El otro, que para atrás. Uno, que abrieran el juego a la banda derecha. El otro, a la izquierda. Ante tanta orden y contraorden, los chicos de La Roja se cortocircuitaron. Empezaron a correr descontrolados, como si el espíritu del Jabulani les hubiera poseído, tropezándose entre sí, haciéndose falta los unos a los otros... Y en medio de tamaño desbarajuste, a Navas le dio la vena trotona y -mec-mec- puso, sin darse cuenta, rumbo ultrasónico hacia la meta de Iker, quien agarrado a uno de los palos, con cara de toro enamorado de la luna, cantaba a los cuatro vientos, para quien quisiera escucharle, aquello de “Besos, ternura, que derroche de amor, cuánta locura…”. Correcaminos Navas se la puso a Pedro y Pedro marcó un golazo impecable, si no fuera porque fue en propia meta…

Poco después, el árbitro pitó el final del partido y yo me desperté bañada en sudor, con el mando distancia clavado en las costillas. Parpadeé un par de veces para ubicarme y cuando el soniquete cansino de sus señorías me encharcó el cerebro, mi soberano dedo índice, no importa de qué mano, voló hacia el mando y, rencoroso como es, apretó el botón de apagado. La tele se quedó negra y yo, de nuevo, dormida como una bendita.