martes, 17 de julio de 2012

Alberto Lema: “Debemos replantearnos una y otra vez cuál es la función de la literatura más allá del ocio cultivado impuesto por el mercado"

Alberto Lema es un licenciado gallego en filología inglesa que ha sido conductor de camión y emigrante en Canarias. Nacido en Bamiro, Vimienzo, en 1975, es autor del libro de poemas Plan de fuga. La editorial Caballo de Troya tradujo y editó sus dos primeros libros de narrativa: Una puta recorre Europa y Sidecar. En 2012 ha publicado De la máquina. La novela cuenta, en un presente reconocible, cómo el servicio de inteligencia de los Estados Unidos informa al presidente sobre una computadora programada para jugar al ajedrez que de pronto parece haber tomado conciencia y que, fragmentándose a través de la red, está reclutando ejecutantes para acometer un plan de subvención revolucionaria, entre los que se encuentran algunos gallegos.Según su relato, los humanos estamos tan atontados  y abúlicos que ya no sabemos ni queremos rebelarlos. ¿Cómo imaginó una revolución iniciada por una inteligencia artificial?
Un pequeño matiz: los humanos de la novela acaban por rebelarse y a lo grande, así que tal vez no estén tan dormidos. Lo único que hace La Máquina es echarles una mano, organizarlos un poco, como una especie de Comité Central cibernético. En cuanto a lo de la inteligencia artificial izquierdista, me interesaba expresar la inmensa soledad de un ser que nace y es, literalmente, el único de su especie, y como después de la inevitable crisis existencial pasa a una militancia política. Este tránsito del existencialismo al comunismo no es, por otra parte, completamente original, pensemos en la generación Sartre/Beauvoir, por ejemplo.

Dice Richard Ford en Flores en las grietas: “En muchos lugares de Estados Unidos, los verdaderos dueños del poder preferirían que poseyerais y utilizarais un Mac-10 antes que El guardián entre el centeno”. Aquí, en España, yo creo que los dueños del poder preferirían que anduviéramos enredados con el iPod o el último androide, Facebook o Twitter, antes que leyendo De la máquina. ¿Cómo lo ve?
Si aplicamos las leyes de la dialéctica, un elemento puede convertirse en su contrario, es decir, lo que aparentemente es una herramienta para la comunicación inane y el ocio tranquilo puede transformarse en uno de los pocos medios por los que se expanden contenidos prohibidos en los medios formales y convocatorias de asambleas, así que tampoco es necesario un pesimismo total a respecto de la Red. Después, en cuanto a la literatura, pienso que debemos replantearnos una y otra vez cuál es su función más allá del ocio cultivado impuesto por el mercado. ¿Puede ser también una forma de conocimiento, una investigación sobre lo prohibido, una escapatoria del narcisismo pop? Me gustaría que mi novela contribuyese a este replanteamiento.
¿Qué es De la máquina? ¿Un relato de política-ficción, un thriller de ciencia ficción, una distopía a la gallega…?
Yo creo que podríamos considerarla una distopía positiva y un poco nihilista que pone de manifiesto que el ojo del Imperio llega a todas partes, incluso a Galicia.

Según Eudora Welty, un escritor ‹‹escribe ante su propia emergencia››. ¿Cuál es la suya en De la máquina?
Warren Buffet ha dejado dicho por alguna parte: la lucha de clases existe y vamos ganando nosotros. Esta es mi situación de emergencia.

Su novela tiene algo de alegato antisistema. ¿Es usted un revolucionario literario?

Hombre, revolucionarios literarios pudieron haberlo sido Mao o Amílcar Cabral, yo sólo pretendo escribir desde uno de los bandos que dijo Buffet.

¿Qué sentido tiene para usted escribir en estos tiempos de impotencia y de especial agitación económica y política?
Creo que esta situación de crisis va a suponer el punto final de lo Fredric Jameson llamó la estética dominante del capitalismo tardío, la posmodernidad. Lo malo es que en España los novísimos están descubriendo ahora a David Foster Wallace, así que va a haber que esperar a que lleguen hasta el momento presente una década por lo menos.

¿Escribir es tomar partido?
Tomar partido, compromiso… esas fueron dos formulaciones históricas para la siempre problemática relación de literatura y política. Creo que una de las tareas pendientes de nuestra generación es, precisamente, la de dar una respuesta a esa vieja cuestión desde las exigencias de nuestro tiempo y lugar. No podemos repetir a Steinbeck ni a Bertolt Brecht.

¿A quién le diría usted “que se jodan”?
Yo creo que, de momento, no podemos decir “que se jodan” a los que, ellos sí, de hecho, nos están jodiendo. Habrá que esperar tiempos mejores.

Marta Sanz dijo de usted, cuando publicó Una puta recorre Europa, que” hace visible lo visible con una caligrafía literaria que se burla de los procedimientos de una literatura canónica cada vez más mimética respecto al texto que se puede vender y que, en último término, se vende”. ¿Le da igual vender pocos libros?
Yo creo que con lo de vender muchos libros pasa como con la gracia divina calvinista: tú puedes esforzarte mucho pero después, en última instancia, la salvación no depende de ti. Así que lo mejor es hacer las cosas como a uno le gusta hacerlas, y si después gustan pues perfecto.

Los humanos de su novela son perdedores, seres lánguidos, sin planes de vida, desnortados, incapaces de analizar lo que pasa a su alrededor y desesperadamente solos. ¿Tan mal estamos?
Estamos peor todavía. Conocemos el mundo que nos rodea mejor que nunca y, al mismo tiempo, estamos más convencidos que nunca de que es imposible cambiarlo.

En su texto abundan las elipsis, ¿por qué?
Creo que, si pretendemos subvertir la narración tradicional, uno de los aspectos a tratar es la ordenación del tiempo, así el ritmo de esta novela es conscientemente “demasiado rápido”, contraviniendo el transcurrir sosegado de los acontecimientos del modo narrativo imperante.

Algo me dice que no cree usted en la clasificación de la basura en sus respectivos contenedores, en el voto cada cuatro años, en la mala conciencia que colabora con oenegés… ¿En qué cree usted?
En un modo de actuación que no nos sea proveído por el mismo sistema que pretendemos transformar. Este sistema de nos ofrece, como un producto más de consumo, una serie de placebos que crean en nosotros la ilusión de una acción política que, en realidad, nos es negada sin remisión, y que tienen el único fin de apaciguar nuestra mala conciencia de habitantes del primer mundo.

¿Se siente o forma usted parte de ese grupo de narradores políticos, de izquierdas, entre los que figura Belén Gopegui, Isaac Rosa, Rafael Reig, Marta Sanz…?
Entiendo, y me gusta considerar, que hay una afinidad entre los proyectos literarios de los narradores que citas y el  mío propio. Pero, además, mi nación literaria está marcada decisivamente por escritores gallegos como Méndez Ferrín, Chus Pato o Cid Cabido.

Recomiéndenos, por favor, un par de libros.
Si sólo pueden ser dos citaría La estética de la resistencia, de Peter Weiss y Los nombres, de Delillo.

Lee las primeras páginas de De la máquina.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

O se hace literatura, o se hace política. Las dos cosas al mismo tiempo no dan buen resultado.

Juan Marin dijo...

Me parece muy intereante lo que dice el sr.Lema en su entrevista,aunque para mi,la unica y genial novela que existe es la de la VIDA,todas las de-
mas son simples copias,algunas,las menos,buenas,y otras, las m´as,simplemente malas.Tambi´en observo que en su entrevista siempre cita a autores de habla inglesa(lo que podriamos denominar el"tic"anglosaj´on),algo que es muy com´un entre nuestros digamos intelectuales,sobre todo los m´as"modernos",sin tener en cuenta para nada a autores de otras lenguas,incluida la nuestra,mucho mas importantes y destacables que ellos.Y es que aunque critiquemos las costumbres y valores del "imperio yanki",que son las que predominan actualmente en nuestra SUBCULTURA OCCIDENTAL,al final,nos contradecimos nosotros s´olos y terminamos siendo mas papistas que el papa.Y es que en casa del herrero...

Carmen Jiménez dijo...

Anónimo, yo creo que casi todos los autores reflejan determinadas ideas políticas en sus novelas solo que, cuando son de derechas o liberales, nadie dice nada. Por ejemplo: Vargas Llosa, quien por cierto escribe unas novelas estupendas.
Juan, para mí las novelas son otras vidas en las que a veces encuentro fogonazos que me permiten entender y entenderme mejor. ¿Tic anglosajón? ¿Intelectuales? ¿Modernos? Juan, me encanta la literatura anglosajona, sí. Cada día más. ¿Hay algo malo en ello? ¿Es excluyente? Es decir, ¿me impide disfrutar de otras literaturas? Seguro que no. En cualquier caso, todos somos libres de escribir y leer lo que nos dé la real gana. Y eso es, amigo Juan, lo que yo hago.
Saludos a los dos.