jueves, 30 de diciembre de 2010

Una mota en la nieve

Estos días me siento como Miles Heller en el Sunset Park, de Paul Auster. Como una mota negra en un mundo de nieve. Como una bombilla fundida en un alumbrado navideño. Como una caja vacía bajo un árbol de Navidad. Cuanto más vieja, más ganas me dan de largarme antes de que los niños de San Ildefonso inicien su mantra de números y premios, invocando el espíritu económico de la Navidad. Detesto las comidas de empresa, los regalos obligados y los especiales televisivos de Raphael. Aún queda Nochevieja y ya noto las conexiones neuronales empastadas por el mazapán. Mis caderas, ricas en hidratos de carbono y grasas saturadas, añoran el pollo a la plancha. Y lo que es peor: aunque le he pedido a los Reyes La puerta de la luna, de Ana María Matute, sé que me regalarán La caída de los gigantes, de Ken Follett, porque Melchor, Gaspar y Baltasar son adictos a las listas, pelín tontas, de libros más vendidos. Sin embargo, gracias a ellos, soy republicana. Hace muchos, pero que muchos años, me regalaron un best seller de Fernando Vizcaíno Casas y mágicamente renegué de todos los reyes -pasados, presentes y futuros- por muy orientales que sean. Hasta hoy.

3 comentarios:

Alberto Rodríguez dijo...

suscribo palabra por palabra, coma a coma...ya queda menos para el 7 de enero

Carlos dijo...

Hace poco me leí un relato de Vízcaíno Casas de un libro que sacó Planeta de varios autores, y me pareció magnífico.
Las novelas de Ken Follet son productos de marketing que aportan muy poca literatura, pero que venden mucho y eso es rentable para la editorial.
Besos y Feliz año.

Carmen Jiménez dijo...

Sobre gustos, ya se sabe... A mí me regalaron 'Y al tercer año, resucitó', en la que Vizcaíno Casas muestra sus añoranzas y nostalgias franquistas. No digo más.
Ánimo, Alberto, que ya nos queda poco...