jueves, 25 de noviembre de 2010

ÁNIMO

La primera vez que oí hablar del asunto fue al publicista Juan Carlos Monroy. Poco después, comprobé que era cierto. Está por todos sitios. En los buzones de correos, las fachadas de los edificios, las señales de tráfico… Un grafitero anda suelto por la ciudad escribiendo a destajo una palabra de cinco letras cuya lectura siempre me arranca una sonrisa agradecida. La escribe con mayúscula, como un grito para que despertemos. Dice, simplemente: “ÁNIMO”.

La palabra ánimo proviene, como alma, del griego ánemos, que significa viento. Sé que vivimos momentos de galerna económica y ventarrones hipotecarios. Un auténtico vendaval de expedientes de regulación de empleo. Planes de ajuste y recortes como tornados. Huracanes financieros y remolinos bancarios. Por eso me intriga tanto que un grafitero anónimo coja su bote de pintura para regalarnos un pequeño soplo de optimismo, una corriente de energía, aliento para el valor y el esfuerzo. Si hasta Benedicto XVI reconoce, por fin, que el preservativo no es un invento del demonio, será que hay esperanza. Quizá algún día Rajoy se decida a arrimar el hombro y Zapatero a decir la verdad sobre la crisis. No todo está perdido. ÁNIMO.

2 comentarios:

Armenteros dijo...

Si lo encuentras, dile a ese grafitero que se pase por otras ciudades, le estamos esperando.

Carmen Jiménez dijo...

Ja, ja, ha... No te preocupes. Si lo encuentro, lo mando zumbando para allá...