lunes, 1 de julio de 2013

Carme Riera: “Recordar es despertar”

Carme Riera (Palma de Mallorca, 1948) es miembro de la Real Academia Española, catedrática de Literatura Española en la Universidad Autónoma de Barcelona y autora de una veintena de obras de todo tipo de géneros: cuentos, novelas, ensayos… Este año ha publicado con Alfaguara Tiempo de inocencia, una autoficción en la que regresa a su infancia para “resucitar a la niña que maté para tratar de ver de nuevo el mundo con sus ojos”. Una niña “tímida, temerosa, asustadiza y feúcha” de cuya mirada se sirve Riera para escribir la crónica de una época, mediados del siglo veinte; un lugar, la Mallorca previa a la invasión turística; y una clase social, la burguesía isleña.

Tiempo de inocencia está dedicado a su nieta Marina, pero me ha dejado más bien la sensación que lo escribió para sí misma, ¿me equivoco?
No, su nacimiento fue la espoleta y lo escribí para que ella pudiera leerme cuando fuera mayor, para mostrarle que hubo un mundo sin televisión, sin móviles, sin internet. ¡Qué raro le parecerá, seguramente!
¿Qué sensación personal le ha dejado este viaje al pasado?
Mientras escribí fue un poco duro, ahora ya lo he superado.
Creo que a última hora pensó en no publicar el libro, pero ya era tarde. ¿Por qué barajó la idea de silenciar estos recuerdos?
Porque  me parecía que uno no debe mostrar a desconocidos sus intimidades, por pudor.
En el dossier de prensa se describe su obra como una “novela autobiográfica”.  Sin embargo, me cuesta encajarla en el género novelesco y tampoco termino de verla como un relato autobiográfico, aunque desde luego modela su propio personaje cuando era una niña y su biografía para ofrecérsela al lector. ¿Estamos ante una autoficción?
Denominar “novela” a Tiempo de Inocencia es un error. Creo que quien se encargó del dossier se confundió o pensó que las novelas venden más y por eso usó el término de manera equivocada. Fue una lástima que no me lo enseñaran el dossier antes de dárselo a la prensa. Mi libro pertenece a lo que podríamos llamar estampas evocadoras de un mundo que ya no es.
En su relato está la protección y la fuerza que siente cuando su padre coge su mano diminuta. El sonido de las campanas de las iglesias que pautaban sus días de infancia. El olor entremezclado a bacalao, cuerda, petróleo, olivas y esparto de alpargatas del colmado. El sabor de las ensaimadas… Pero también están muy presentes sus miedos infantiles al infierno, a la oscuridad, a los extraños, a los sabañones, a las tormentas… ¿Qué pesa más?


Una mezcla, depende del grado de nostalgia con la que rememoro. Daría cualquier cosa por recuperar esa primera sensación táctil de amparo que me proporcionó la mano de mi padre, pero en absoluto me gustaría verme de nuevo en la capilla del colegio, tapándome la cara con las manos, avergonzada por no ir a comulgar.
Dice Ana María Matute que la infancia es la “edad total”, que los adultos somos lo que nos queda del niño que fuimos y que “vivir cuesta mucho”. Tanto, que “tal vez es un castigo”. ¿Comparte su opinión?
Sí, aunque la mía, queda claro en el libro, no fue un paraíso.
En el prólogo dice usted que a partir de los diez años no nos sucede nada importante en la vida o al menos que no se vive con la intensidad de esos primeros años, de ese Tiempo de inocencia del que habla esta obra. ¿Qué hace tan especiales esos primeros años?
Los niños  establecen una relación con el mundo diferente a la de los adultos, se sienten parte de él.  Todo parece nuevo y hasta mágico.  Los acontecimientos se viven con una  intensidad enorme y eso nos afecta.
Si “la felicidad es aquello que apenas acaba de empezar”, la vejez es…
Lo que está a punto de concluir… entramos en el periodo de la felicidad vicaria.
¿Por qué cuando nos vamos haciendo mayores necesitamos echar la vista atrás y trenzar recuerdos? ¿Porque “nos topamos con la certeza de la muerte” y necesitamos “aferrarnos a la vida”?
Sí, claro, recordar es despertar. Nos despertamos niños, en otros lugares y en otras épocas y eso nos permite revivir, es decir vivir dos veces, o por lo menos imaginar que es así…
¿Somos lo que recordamos o más bien lo que no queremos recordar? ¿Para qué sirve la memoria, para descubrir aquello que nos sucedió o para encubrirlo?
En efecto, somos una mezcla de lo que recordamos y de lo que tratamos de no recordar. Pero somos porque hemos sido, queramos o no. La memoria es selectiva y dominable, de ahí los “olvidos” de tanta gente.
Dice usted que no ha querido enmendarle la plana a la niña que fue y que por eso ha tratado de que su visión adulta no se superpusiera a la visión infantil, aunque vista desde ahora le pareciera ingenua o ilusa. ¿En Tiempo de inocencia está todo lo que su yo infantil ha querido contar o su yo adulto le ha impedido hurgar a fondo en determinados recuerdos?
No está todo, pero sí gran parte y creo que hay poca autocensura. Me parece que la adulta ha permitido que la niña campara a su aire.
Me da la sensación de que pasa de puntillas en lo que toca a sus hermanos, aunque quizá sea cosa mía…
Buena lectora, ciertamente.
La obra se estructura en capítulos muy breves, ¿por qué?
Porque son estampas, que como cerezas van engarzándose y porque la estructura del texto me pareció que así lo requería.
Cuenta que empezó a leer muy tarde y que las monjas pensaron que era un poco retrasada. A mí me pasó lo mismo. ¿No será que lo que era atrasada era su metodología docente?
Me alegro de encontrar a alguien como yo. Supongo que mis monjas no acertaron con el método, no consiguieron interesarme. En Finlandia los niños aprenden a leer muy rápido estimulados por el hecho de que las películas de TV no se doblan, se subtitulan en finés y para entender los dibujos animados de Disney necesitan saber leer. Ahí está el estímulo.
En varios momentos alude a la incorrección política de determinados usos o costumbres de la época. Por ejemplo, cuando habla de los Reyes Magos. ¿Qué opina de la corrección política aplicada a la literatura actual?
Es una muestra más de la  hipocresía característica de nuestra sociedad. Un rasgo, otro más, evidenciador de los tiempos miserables en los que vivimos, dominados por las apariencias.
¿En qué está trabajando ahora?
En el discurso de la RAE.
Usted se ha manifestado contra el monolingüismo. ¿Cómo valora la situación actual de la literatura escrita en catalán, gallego y euskera?
No me he manifestado contra el monolingüismo, he dicho y reitero que quienes tenemos como propias dos lenguas somos más ricos que quienes tienen solo una y que las lenguas minoritarias de España son de todos. Creo que el estado debiera fomentar su uso y protección para que no desaparezcan. El castellano es una lengua fuerte y poderosa, magnífica, en expansión, cuyo uso va incrementándose cada vez más en el mundo, con el catalán, el gallego o el euskera no ocurre eso, de ahí que necesiten protección.

Lee aquí las primeras páginas de Tiempo de inocencia.

 

2 comentarios:

Antonio F. Rodríguez dijo...

¡Estupenda entrevista! Gracias, me ha permitido descubrir una autora que no había leído y ya me he ocmprado el libro. Pro,ete mucho.

Gracias. Salud y libros.

Carmen Jiménez dijo...

Me alegro, Antonio. La obra tiene unos agujeros negros estupendos, ya verás... Me interesó tanto por lo que cuenta como por lo que intuyo que calla. Interesante escritora.