lunes, 8 de julio de 2013

Naturaleza de la novela

Luis Goytisolo
Premio Anagrama.
Anagrama. 2013.
191 páginas.  16,90 €.

Este ensayo-réquiem del novelista Luis Goytisolo (Barcelona, 1935) ha desatado la polémica, aunque apenas cuenta nada nuevo. Nada que muchos antes que él, y él mismo en una conferencia que pronunció en Quebec hace más de veinte años, no hayan dicho ya: la novela, un género de contornos desdibujados que cristalizó hace poco más de cuatrocientos años, se muere. Entró en crisis en la segunda mitad del siglo XX y todo indica que tiene los días contados. Y, ¿cuáles son los síntomas que llevan al autor a tan apocalíptico diagnóstico? Goytisolo apunta fundamentalmente tres. Uno, la proliferación de los best-seller, “novelas de consumo” con las que el “mercantilizado” mundo editorial trata de recuperar lectores, paralela a la “cada vez más rara” aparición de novelas de verdadera entidad y su falta de renovación, porque ya no se abren nuevos caminos sino que solo se utilizan viejas fórmulas. Dos, la evolución de los hábitos sociales, que priman el consumo de productos audiovisuales (juegos de consola y de ordenador, internet, móvil) frente a la lectura. Y tres, la creciente ignorancia de los lectores alimentada por planes de estudio que han relegado materias improductivas como la historia o la filosofía, imprescindibles para alimentar el hábito lector. En conclusión: cada vez se lee menos novela y de peor calidad.
Aunque comparto algunos de los planteamientos del septuagenario narrador, que por cierto no termina de argumentar con solidez cuál es su juicio sobre la naturaleza de la novela que da título a esta obra, su ensayo tiene ese aire de trinchera que acompaña muchas veces a los narradores veteranos, aferrados a un tiempo (el suyo) y unas formas (las propias) que ya no son o están dejando de ser. Porque, pese a lo que dice Goytisolo, lo cierto es que se siguen escribiendo novelas maravillosas, como también hay películas magníficas aunque se parezcan poco a las de antes. Por haber, incluso hay tomates que siguen sabiendo a tomate.

La novela está cambiando y la forma de leerla también, pero sinceramente desconfío de los viejos narradores analógicos, fijos y físicos, empeñados en leer la temperatura de un género con sus obsoletos termómetros de mercurio mientras dan la extremaunción a este género mutante y en constante renovación. Fin de la consideración sobre esta parte del ensayo, la más interesante, que arranca en la página 159 y se prolonga durante una treintena de páginas.
Respecto a las ciento sesenta páginas previas, el autor de Antagonía hace un sintético recuento de las fuentes de la novela desde su origen, apoyándose para ello en fragmentos de Platón, Tácito, Homero, la Biblia… La contratapa dice que estamos ante “un ensayo sobre la novela que se lee como una novela”. No se lo crean.

Lee un fragmento de este libro


3 comentarios:

Miguel jiménez salvador dijo...

¡Ay!

"Nuestra juventud es decadente e indisciplinada. Los hijos no escuchan ya los consejos de los mayores. El fin de los tiempos está próximo."
Anónimo caldeo, hacia el año 2000 a. C.

Je Je, abrazos Carmen.

Francesca dijo...

El tema de la muerte de la novela es recurrente. Rafael Chirbes en El novelista perplejo (Anagrama, 2002) menciona esta afirmación de Goytisolo. Pero antes, Ortega y Gasset Gasset afirmaba que «es prácticamente imposible hallar nuevos temas. He aquí el primer factor de la enorme dificultad objetiva y personal que supone componer una novela aceptable en la presente altitud de los tiempos» (Ideas sobre el teatro y la novela, Alianza editorial, Madrid, 1982. P.18). Y aquí estamos porque el afán de escribir parte de una rebeldía, de unas ganas de ver las cosas de otra manera...

Francesca dijo...

El tema de la muerte de la novela es recurrente. Rafael Chirbes en El novelista perplejo (Anagrama, 2002) menciona esta afirmación de Goytisolo. Pero antes, Ortega y Gasset Gasset afirmaba que «es prácticamente imposible hallar nuevos temas. He aquí el primer factor de la enorme dificultad objetiva y personal que supone componer una novela aceptable en la presente altitud de los tiempos» (Ideas sobre el teatro y la novela, Alianza editorial, Madrid, 1982. P.18). Y aquí estamos porque el afán de escribir parte de una rebeldía, de unas ganas de ver las cosas de otra manera...