sábado, 7 de mayo de 2011

Niños en su cumpleaños

Truman Capote
Traducción de Juan Villoro
Nórdica. Madrid. 2011
61 páginas. 8 euros.

Antes de enviar un manuscrito a su editor, Truman Capote (Nueva Orleans, 1924-Los Ángeles, 1984) sopesaba cada palabra hasta dotarlo del ritmo económico y la perfección expresiva características del genial autor, capaz de retratar, con un par de pinceladas polícromas, personajes, situaciones o ideas. Así sucede en Niños en su cumpleaños, uno de sus mejores relatos, escrito en 1948 y encuadrado, temática y formalmente, en lo que se ha definido como literatura sureña. En él, narra la convulsión que provoca en un pueblo de Alabama, sepultado bajo el polvo de “una oxidada sequía” que no es solo climatológica, sino también socioeconómica y cultural, un suceso aparentemente menor. La llegada, un día de verano, en el autobús de las seis, de Lily Jane Bobbit, “una niñita delgada, con un vestido de fiesta almidonado de color amarillo limón, que caminaba con un insolente aire de persona adulta, una mano en la cadera y la otra en el mango de una delicada sombrilla”.

Pero Miss Bobbit , quien de alguna forma anticipa el personaje de Holly Golightly en Desayuno en Tiffany’s, es diferente a todos. Una auténtica extraterrestre trasplantada al Sur profundo. Tiene solo diez años, pero usa maquillaje. Habla en nombre de su madre, una mujer muda y sin nombre. Baila. Solo come alimentos crudos. Adopta como hermana a Rosalba, “una niña de color, regordeta como un bombón”. Apedrea a los perros que no la dejan dormir. Se niega a ir al colegio. Incluso invoca al diablo porque cree que es el único que puede ayudarle a salir del pueblo y viajar a otro lugar, donde pueda iniciar carrera como bailarina. “Un sitio donde no hay más que el baile, donde toda la gente baila por la calle y todo es tan hermoso como los niños en sus cumpleaños”. El lugar al que de verdad pertenece porque, como otros personajes de Capote, Miss Bobbit siente que está en un sitio equivocado, que no es el suyo. Y su afán por perseguir su sueño y llegar a un lugar donde pueda vivir su diferencia es lo que le aboca a la tragedia. Porque para Capote, la fatalidad aguarda a los insatisfechos, a los que insisten en ser distintos, a los que intentan llevar la propia vida en la dirección deseada. Por eso no esconde sus propósitos y anuncia, en la primera frase, el trágico destino de la niña: “Ayer por la tarde, el autobús de las seis atropelló a Miss Bobbit”. El relato, de estructura circular, se cierra casi de forma idéntica, pero lo importante está en el centro. En descubrir cómo la singularidad de la niña-adulta remueve, como una piedra caída sobre un estanque en el que hasta su llegada nada hervía ni se agitaba, el limo acurrucado en el fondo del pueblo, provinciano y asfixiante. En particular, el de Billy Bob y su amigo Preacher Star, dos niños seducidos por la singularidad de Miss Bobbit, quien, queriéndolo o no, remueve sus cienos, despertando en ellos su “parte extraña”. Aficiones como “el gusto por los libros” de Billy Bob, o el descubrimiento de sentimientos nuevos, como la posibilidad de “querer a alguien lo suficiente para dejarse lastimar”.

Miss Bobbit tiene mucho de Capote
, que pasó gran parte de su infancia en Alabama, donde fue, sin duda, un niño diferente. Solo le gustaba leer, escribir, ir al cine, bailar claqué, dibujar y organizar fiestas de cumpleaños. Niño afeminado, irónico, pequeño de talla, él también soñó con vivir en una gran ciudad, Nueva York, y perseguir su sueño de convertirse en escritor. Pero cuando lo cumplió, y consiguió un éxito devastador con A sangre fría, murió literariamente. La otra, la muerte real, tuvo lugar en la casa de su amiga Joanne Carson, que le había invitado a su casa para celebrar su próximo cumpleaños.


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2 comentarios:

Dani dijo...

Gran cuento de Capote. Tiene al menos tres o cuatro más en "Un árbol de noche" (Anagrama), te recomiendo especialmente "Miriam", que creo que no está editado suelto.
Un abrazo.
Daniel

Carmen Jiménez dijo...

Lo releeré en cuanto pueda, Daniel. Es un auténtico lujo tener cualquiera de sus obras entre las manos. Un abrazo