viernes, 19 de julio de 2013

Mujer de barro

Joyce Carol Oates
Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia
Alfaguara. 2013.
494 págs. 24,50 €. E-book: 9,99 €

Hasta hoy Joyce Carol Oates (Lockport, Nueva York, 1938) ha escrito cincuenta y ocho novelas, cuatrocientos y pico relatos breves, más de una docena de libros de no ficción, ocho de poesía y otras tantas obras de teatro. Todo, en cuatro décadas de trabajo. Estamos, pues, ante la Usain Bolt de las letras, un auténtico prodigio de velocidad creadora empeñada en batir el récord mundial de la fertilidad literaria. No exagero: mientras escribo estas líneas, su página web anuncia ya seis nuevos trabajos de la hiperprolífica autora estadounidense: cuatro novelas, una antología y un libro de poemas.
La comparación con Bolt de esta eterna aspirante al Nobel de Literatura no es vana. Oates tiene estatura de gran narradora, fuerza explosiva  y, como el velocista jamaicano, posee una gran riqueza técnica en la fase de aceleración. Ahí está el inicio pavoroso de esta obra, que nos sitúa en 1965, cuando la madre de la protagonista, una fanática religiosa, arroja a su hija de tres años a las marismas, junto al río Snake, para que muera hundida en el barro.
Luego, lanzada ya a la carrera, Oates hilvana su discurso narrativo, apoyándose en dos tiempos que corren paralelos a lo largo de toda la historia: lo que le sucedió a la niña a partir de ese momento terrible y lo que le acontece desde octubre de 2002 cuando, convertida ya en la primera mujer rectora de una prestigiosa universidad, Meredith Ruth Neukirchen (M.R.) sufre un misterioso accidente que le devuelve a su origen.
Oates usa la tercera persona pegada a la protagonista, entreverada como es frecuente en ella con monólogos interiores que asoman para diferenciarse en cursiva, para tejer una voz poderosa, orgánica, que desprende un “olor acre y salobre, como de agua estancada y cosas podridas”, en la que los recuerdos de Niña de barro invaden progresivamente la mente de la brillante profesora amenazando con ahogarla. Estamos, pues, ante un thriller psicológico con el sello inconfundible de la Dama oscura de las letras norteamericanas, donde los secretos y mentiras de la protagonista son un reflejo de la farsa que supuso para la autora de La hija del sepulturero la guerra de Irak y la Operación Libertad Duradera, y donde, deprisa, deprisa, Oates, como Alicia, vuelve a intentar traspasar el espejo para evidenciar más allá del éxito, el poder y los principios elevados, el espejismo del sueño americano, que no es sino un lodazal de violencia, impostura y culpa… Una farsa, en la que “todos somos actores”.
Oates estructura bien la novela y su personaje central. Atina en su elección de los espacios donde se desarrolla la acción, que funcionan como metáfora de los dos mundos fracturados que conviven en la rectora Neukirchen y en Estados Unidos, pero su ritmo Bolt, su falta de contención, su desmesura estilística y emocional, terminan por desfondar al lector. Rapidez no es sinónimo de prisa, que es la sensación que Oates transmite en esta obra interesante pero acelerada, concluida con un sprint fallido. Hubiera sido hermoso intuir a Oates caminando despacio entre las hojas de esta novela, podando excesos aquí y allá, deteniéndose a veces para reconsiderar lo escrito, y atravesar la línea de meta con la elegancia pausada y concisa de los narradores que no solo tienen oficio, sino también arte, incluso para escribir esas dos palabras que para Oates son el pistoletazo de salida para una nueva carrera. The end.

3 comentarios:

J. Williams dijo...

Ser prolífico no es todo. Mira la bibliografía de Norah Roberts.

Oates publica mucho, y con calidad. Me quito el sombrero.

Josefina Armenteros dijo...

Excelente reseña. Se nota que escribes muy bien.
Saludos

Carmen Jiménez dijo...

Mil gracias, Josefina. ¿Eres familia de Juan Armenteros?

J. Williams, estoy de acuerdo contigo. Tiene muchísima calidad. De hecho, creo que se merece el Nobel. Sin embargo, en esta novela he sentido como si me "empujaran", como se me urgieran... y no me gusta, lo siento. Creo que podría ser genial, si no tuviera tanta prisa y corrigiera los excesos (si fuera una actriz, diría que hay bastantes momentos de esta historia donde Oates "sobreactúa"). Sin embargo, recomiendo 'La hija del sepulturero' y sus cuentos. Es solo mi opinión.