jueves, 4 de abril de 2013

Bleak House Inn. Diez huéspedes en casa de Dickens

VV.AA.
Edición de Care Santos.
Fábulas de Albión. 2012.
256 páginas. 18,05 €.

Tétrica, destartalada, inquietante, fantasmal, enloquecida, mágica, diabólica, dispar y, aunque parezca increíble, divertidísima. Así es Black House Inn, una casa de huéspedes literaria que toma su siniestro nombre de la Casa desolada de Dickens para albergar los relatos de los diez autores elegidos por Care Santos para homenajear a las antologías anuales impulsadas por el autor inglés cada navidad, publicada por Fábulas de Albión con motivo de la celebración, en 2012, del bicentenario de su nacimiento.
 
Los únicos puntos en común de las once historias contenidas en este delicioso volumen es que están ambientadas en un contexto contemporáneo, aunque su atmósfera sea más bien victoriana, y en la misma siniestra pensión, regentada por la extravagante Mrs. Lirriper, en homenaje al personaje dickensiano, que  atraviesa los relatos de forma protagónica o secundaria, pero siempre iluminadora. Con estos mimbres, cada narrador ocupa con su relato una de las sombrías estancias de la pensión -sótano, bajos, habitaciones, desván y recepción- para llenarlos no solo del espanto de lo sobrenatural, sino también de un breve catálogo de esos horrores íntimos que preñan buena parte de nuestras pesadillas. Porque, como asegura la escritora Marta Sanz “todos los horrores y todas las fantasías son de y están en este mundo o, como decía Paul Éluard, hay otros mundo, pero están en éste”. Por eso, la pensión está llena no solo de fantasmas, sino también de sombras compartidas: celos, infidelidad, secretos, ambición, autodestrucción, rencor, locura, vidas malgastadas…
El sótano es sin duda el lugar más inquietante de la Bleak House Inn. Pilar Adón, y su Nuevo libro de insectos nos presentan a Julie, la contable de la pensión, trabajando en su tesis mientras cuida de la pequeña Eliza. Un bebé muy blanco, siempre con frío, silencioso, rodeado de gatos “de afiladas uñas y terribles dientes a su alrededor”. Resulta maravilloso comprobar cómo Adón abre interrogantes y va sembrando pistas para que el lector participe en la resolución de la intriga en este relato genial. También, cómo construye una sensación de peligro inminente, usando todos los recursos a su disposición: ritmo, campo semántico, personajes… Uno de esos cuentos que te siguen dando vueltas en la cabeza días después de haber concluido su lectura. 

Cuidado también con los bajos de la casa, donde Elia Barceló sitúa La tienda de Madame Chiang, en la que Charlie y Nora, un matrimonio en crisis, comprarán tiempo y recuerdos románticos a cambio de vender una parte de su alma a la mefistofélica Madame Chiang.
Los cuentos que siguen a tan prometedor despegue bajan la tensión inicial, rompiendo la atmósfera y el embeleso de los dos primeros hasta que llega la sacudida humorística, genial, del Cuento de verano de César Mallorquí, que inunda la habitación de 201 de carcajadas por las peripecias de Edward Scrooge, representante de una firma de juguetes eróticos, víctima de una conspiración fantasmagórica al ser confundido con Ebenezer Scrooge. Hacia muchísimo tiempo que no me reía con ganas leyendo. Mallorquí ha conseguido que lo haga.

También brillan con luz propia el relato de Ismael Martínez Biurrum, A esta hora, todas las noches de tu vida, en la habitación 202, con Timothy John Rifkin enloquecido por la infidelidad de su mujer, y Una vida nueva, de Daniel Sánchez Pardos, que se ocupa de la habitación 402.
En definitiva, un libro de relatos fantástico, no solo por los espectros que pueblan sus páginas  y habitaciones, con siluetas humanas dibujadas con tiza en la tarima, extraños olores a redes secándose al sol y desvanes encantados, sino por los magníficos retratos de seres corpóreos tentados por la gloria, la ambición o la felicidad.
 

2 comentarios:

Miguel jiménez salvador dijo...

Que bien vendes libros, je je. Apuntado en la lista de pendientes.
Un abrazo Carmen.

Carmen Jiménez dijo...

Te gustará, Miguel. Está muy bien. Abrazo